Un nuevo estudio publicado en ‘Diabetologia’, la revista de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), concluye que las madres que tienen diabetes antes o durante su embarazo tienen más probabilidades de tener hijos que desarrollen problemas oculares.

La investigación analizó las asociaciones entre la diabetes materna antes o durante el embarazo y el riesgo de padecer un error de refracción (ER) elevado: condiciones en las que hay un fallo del ojo para enfocar correctamente las imágenes en la retina.

El ER es una de las formas más comunes de discapacidad visual e incluye tanto la miopía como la hipermetropía, así como el astigmatismo. En conjunto, estas afecciones son la segunda forma más común de discapacidad en todo el mundo, y aunque las ER de bajo grado pueden corregirse ópticamente mediante gafas o lentes de contacto, las de alto grado más graves pueden convertirse en una discapacidad visual grave e irreversible que puede reducir la calidad de vida de la persona.

En las últimas décadas se ha producido un rápido aumento de la prevalencia de las ER, lo que indica que los factores no genéticos pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo. Se ha establecido que una mayor tendencia a realizar trabajos de cerca, como el uso de ordenadores durante largos periodos, así como la falta de actividad al aire libre, son los principales factores de riesgo adquiridos para el desarrollo de ER bajas y moderadas en niños en edad escolar y adultos jóvenes. Sin embargo, las causas de los defectos de las ER elevadas aún no se conocen del todo.

Investigaciones anteriores han demostrado que los individuos con ER graves pueden tener defectos oculares congénitos antes del nacimiento, lo que sugiere que las condiciones a las que se expone el feto en el útero pueden desempeñar un papel en el desarrollo de ER más graves en etapas posteriores de la vida.

La hiperglucemia materna (alto nivel de azúcar en la sangre) durante el embarazo puede dar lugar a niveles elevados de glucosa en la sangre del feto, lo que puede dañar la retina y el nervio óptico y provocar cambios en la forma de los ojos que, en última instancia, causan ER.

La investigación fue realizada por el doctor Jiangbo Du, del Laboratorio Estatal de Medicina Reproductiva de la Universidad Médica de Nanjing (China), y el doctor Jiong Li, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), y sus colegas. El experto y sus colegas creían que la exposición a los efectos de la diabetes materna mientras se está en el útero podría afectar negativamente al desarrollo del feto y provocar una ER elevada en la vida posterior. También previeron que las asociaciones más pronunciadas se observarían entre las madres con complicaciones diabéticas, ya que suelen representar casos más graves de la enfermedad.

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El equipo realizó un estudio de cohorte basado en la población utilizando varios registros médicos nacionales daneses e incorporó los detalles de todos los nacidos vivos en Dinamarca desde 1977 hasta 2016. El seguimiento se inició en el momento del nacimiento y continuó hasta el primer diagnóstico de ER alta (en su caso), la muerte del sujeto, su emigración, su 25º cumpleaños o el final del periodo de estudio el 31 de diciembre de 2016, lo que ocurriera primero.

Se consideró que las madres tenían diabetes si se les diagnosticaba la enfermedad antes o durante el embarazo, y las que tenían diabetes pregestacional y habían desarrollado problemas relacionados con su enfermedad se agruparon según tuvieran una o varias complicaciones.

Los autores analizaron tanto la aparición de ER elevadas en la descendencia como el tipo específico de problema ocular. De los 2.470.580 nacidos vivos incluidos en el estudio, 56.419 (el 2,3%) estaban expuestos a la diabetes materna, siendo el 0,9% y el 0,3% diabetes pregestacional de tipo 1 y 2, respectivamente (lo que significa que la diabetes ya estaba presente antes del embarazo), y el 1,1% implicaba diabetes gestacional.

La proporción de nacimientos de madres con diabetes aumentó a lo largo del periodo de estudio, pasando del 0,4% en 1977 al 6,5% en 2016, y la diabetes se asoció a que la madre era mayor, tenía más estudios, había tenido más embarazos y era más probable que viviera sola.

Durante el periodo de seguimiento, se diagnosticó una ER alta en 533 hijos de madres con diabetes y en 19.695 hijos de madres sin la enfermedad. La exposición a la diabetes de la madre se asoció con un 39% más de riesgo de ER altas en comparación con los hijos no expuestos.

Los investigadores observaron una diferencia en el riesgo de ER entre las formas de diabetes de tipo 1 y de tipo 2, ya que las tasas de ER elevadas comparadas con las de los individuos no expuestos eran un 32% y un 68% mayores, respectivamente.

Además, los hijos de madres con complicaciones derivadas de la diabetes tenían el doble de probabilidades de padecer problemas oculares, en comparación con el aumento del 18% del riesgo de ER altas en los hijos de madres que no tenían complicaciones derivadas de la enfermedad.

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Los autores resaltan que “fue interesante observar que la hipermetropía (visión larga) se daba con más frecuencia en la infancia y la miopía (visión corta) era más frecuente en la adolescencia y la juventud”.

Sugieren que la diferencia podría deberse al proceso natural de emetropización en el que el ojo cambia de forma durante la primera infancia para conseguir una visión normal al ser menos hipermétrope, y que podría corregir la mayor parte de la hipermetropía en la primera infancia con el tiempo.

Además, señalan que el aumento del número de años y de la intensidad de la educación escolar podría aumentar el riesgo de miopía desde la primera infancia hasta la juventud.

Los puntos fuertes de este estudio son que utilizó datos de alta calidad que abarcan a toda la población danesa durante un largo periodo de seguimiento, lo que minimiza la posibilidad de sesgo de selección y de recuerdo. La disponibilidad de información sociodemográfica y médica permitió al equipo ajustar una amplia gama de factores que podrían influir en los resultados médicos estudiados, y el gran tamaño de la muestra les permitió investigar detalles como los tipos específicos de ER implicados.

“En este estudio de cohorte basado en la población nacional, observamos que los niños nacidos de madres con diabetes pregestacional o gestacional tenían un mayor riesgo de desarrollar ER elevadas en general, así como tipos específicos de ER elevadas, que persistían desde el periodo neonatal hasta la edad adulta temprana –señalan–. Los niños nacidos de madres con complicaciones diabéticas presentaban el mayor riesgo de ER elevadas”.

Los investigadores sugieren que, “dado que muchas ER en niños pequeños son tratables, la identificación e intervención tempranas pueden tener un impacto positivo de por vida. Aunque el aumento del 39% del riesgo es un tamaño de efecto relativamente bajo, desde la perspectiva de la salud pública, teniendo en cuenta la elevada prevalencia mundial de las ER, cualquier pequeña mejora en este factor prevenible de bajo riesgo contribuirá a una enorme reducción de las cifras absolutas de estas afecciones oculares”.

Por ello, aconsejan que la detección precoz de trastornos oculares en los hijos de madres diabéticas puede desempeñar un papel importante en el mantenimiento de una buena salud visual.

Con información de Europa Press.

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