Si de por sí el manejo de la diabetes y el correcto control glucémico es un desafío, un hábito como el fumar lo complica aún más. Los expertos aseguran que la nicotina es capaz de aumentar los niveles de azúcar en la sangre, haciéndolos más difíciles de controlar.

De hecho, los pacientes diabéticos que fuman, requieren de mayores dosis de insulina para mantener los niveles de glucosa en sangre más estabilizados.

Para nadie es un secreto que la diabetes es responsable de complicaciones graves de la salud, como la enfermedad cardíaca, la insuficiencia renal, ceguera y daño a los nervios de algunas partes del cuerpo, como las piernas, pies o dedos de los pies.

Ahora bien, si a esta condición le agregamos el tabaco, el paciente desarrolla un riesgo mayor a sufrir complicaciones aún más graves en comparación con la exposición del paciente diabético que no fuma.

Los expertos enfatizan en la enfermedad cardíaca, pues en países como Estados Unidos, esta es la primer causa de muerte y, desafortunadamente, la diabetes y el tabaquismo aumentan su riesgo; tener altos niveles de azúcar en la sangre, con el paso del tiempo, puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios que se encuentran dentro y alrededor del corazón.

Asimismo, fumar cigarrillos también tiene una incidencia negativa en los vasos sanguíneos al aumentar la cantidad de placa, la sustancia cerosa que se acumula en las paredes arteriales.

El paciente diabético debe dejar de fumar

Vamos a dejar de lado el tiempo que un paciente lleve fumando, lo cierto es que debe dejarlo tan pronto como sea posible, ya que de esta manera, ayudará a mejorar su salud. De hecho, se dice que al dejar los cigarrillos, la sanación del organismo inicia casi de inmediato:

  • A los 20 minutos, baja su frecuencia cardiaca y su presión arterial.
  • A las 12 horas, el nivel de monóxido de carbono (gas tóxico en el humo del cigarrillo) en su sangre desciende a un nivel normal.
  • Entre las 2 semanas y los 3 meses, mejora su circulación sanguínea y el funcionamiento pulmonar.
  • Al año, su riesgo de presentar enfermedad cardiaca se reduce a la mitad del de las personas que siguen fumando.
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Asimismo, al dejar de fumar, el cuerpo tiene una mejor reacción a la insulina, lo cual facilitará el manejo de los niveles de glucosa en sangre.

Entendemos que dejar de fumar no es algo que podamos decidir de un día para otro, y menos si es una costumbre que hemos adoptado por años, de manera que está bien flaquear al inicio. Sin embargo, es importante que la intención no quede solo en el intento, sino llegar al objetivo de suprimir el tabaco de nuestras vidas por completo.

No tenemos por qué enfrentarnos solos a esto, familiares y amigos pueden ser de gran ayuda para lograr esta meta.

Fuente consultada: CDC

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