Los conocidos perros de auxilio, son capaces de detectar los niveles de glucosa de sus dueños, a través del olfato, revelando cambios anormales por medio de señas o comportamientos no comunes, como dejar de caminar, alzar las patas, hacer una reverencia, llorar o realizar un solo ladrido.

El perro, luego de su entrenamiento, es capaz de percibir las hipoglucemias o glucosas bajas y las hiperglucemias que son las altas y al hacerlo, reacciona rápidamente, pero con calma para informar a tiempo a su dueño que algo sucede.

Resulta encantador este tipo de acompañamientos o compañeros de vida, pues suelen anticiparse de acuerdo a información de la Fundación Perros de Auxilio para Diabetes, aproximadamente unos 30 o 45 minutos antes de la aparición de los primeros síntomas en el paciente, los cuales, si no se controlan rápidamente pueden generar el riesgo de perder la conciencia y posteriormente estar expuesto a un coma diabético.

Al recibir la alerta, el diabético, puede en plena conciencia vigilar el comportamiento de su nivel de glucosa e intentar normalizarlos con la aplicación de insulina o con los medicamentos que maneje en su día a día.

Tanto mascotas como las personas deben entrenarse por alrededor de 8 meses, dependiendo de las habilidades del canino, para que los dos conozcan con claridad lo que el perro quiere transmitir con cada señal y para ir forjando un vínculo estable que les permita trabajar en equipo.

Aunque es una alternativa de detección y prevención temprana, la mascota debe ser vista como una gran ayuda, pero no debe sustituir de ninguna manera los controles y medicamentos que sugieren los especialistas y es indispensable continuar asistiendo a los chequeos con regularidad.

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